En el quinto capítulo de la segunda parte, Sancho y Teresa Panza discuten el hombre que debe casarse con su hija. Sancho mantiene que un conde sea apropriado, pero Teresa vee un noble como una mala opción. Durante el discurso, Teresa explica el papel de la mujer en la sociedad contemporánea española, y de repente empieza a llorar. Siguiendo la lógica de Teresa sobre la mujer de esta época, Cervantes indica que la desigualdad entre las mujeres y los hombres hace parte de la locura de Don Quijote.
Para empezar, la cita de Teresa que termina la discusión demuestra la hipocresía de lo que ella querría decir. Por un lado, ella prevee que “[el] día que yo la viere condesa…ése haré cuenta que la entierro” porque esa boda terminaría figurativamente la vida de su hija (Cervantes 83). Su poder de expresar libremente sobre sus opiniones del futuro de su hija sugiere una liberalidad protofeminista por su lado de Teresa y Sancho. Por otro lado, Teresa se resigna: “otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto; que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque sean unos porros” (83). No solamente se resigna al juicio de Sancho sobre el hombre con quien debe su hija casarse, sino que también conecta su falta de voluntad sobre este sujeto con el mayor conflicto de ser subyugada a Sancho como su esposo. Por eso, la discusión del marido ideal para su hija se convierte en una simplificación del papel de la mujer en la sociedad.
Además, anteriormente en el capítulo, Teresa provee una descripción del papel que estructura el discurso temáticamente sobre la mujer en la sociedad española. Describe la mujer ideal del tiempo como “honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta” (81). La cita no demuestra la feminista temprano como lo que se dice más tarde. Sin embargo, Teresa explica que los sentimientos sobre el papel de la mujer se basa en la dinámica familiar que tiene que ver con la clase social y la religión. Teresa espera “que Dios nos las mejorará como seamos buenas; y yo no sé, por cierto, quién le puso a él don, que no tuvieron sus padres ni sus agüelos” (81). En pocas palabras, Teresa se inquieta de que un conde como esposo separe a su hija de la familia mientras que el aumento social que viene con esta boda no merece nada a Dios que ayudará a su hija. Por eso, el comentario de Teresa sobre el papel de la mujer se puede ver como el centro social alrededor de que los hombres erran. No quiere decir que las mujeres encuentran la libertad de esta manera, sino que es una concepción de los dinámicos asociados por los géneros en la sociedad española que viene del texto.
Lo interesante de este capítulo y la relación entre esposo y esposa por dentro se aparece en el último párrafo en forma de las lágrimas. Teresa llora, pero no se ofrece una razón por la cual llora (83). La falta de información permite que la razón por la cual Teresa llora pueda ser interpretada, excepto que hay una sola interpretación la más lógica. Después de explicar la vida de una mujer en esta época, las lágrimas de Teresa no son debidas a la condición de las mujeres, sino por la ansiedad que su esposo ruinaría el futuro de su hija en rompiendo las fronteras de las clases sociales. Su ansiedad vendría de la destrucción de la identidad de su hija como mujer, si el papel de la mujer fuera mantener la familia que incluye el estatus social y religiosa. Por eso, Teresa llora de miedo que Sancho seleccione un marido en términos de su clase social que tendría consecuencias para la identidad de su hija.
El consuelo que Sancho emplea: va a casarla al último momento con un conde. La parodia de Don Quijote tiene amplios ejemplos de este tipo de ironía afin de mostrar que el caballero andante y su escudero parecen anacrónicos en los malentendimientos y los tipos varios de malhaciendo a los otros personajes. La discusión entre Sancho y Teresa como ejemplo de misoginia corrobora esta misma idea. Se puede perdonar la mentalidad de Sancho debido a la locura y la perdición del concepto de la realidad que acompaña la cordura, pero eso acepta la misoginia como no solamente una condición psiquiátrica pero también una condición de que sufren Don Quijote y Sancho Panza. Sin embargo, esta lógica de Cervantes se rechaza ahora aunque sea válida en su época, porque ahora no existe una patología que suscita la subyugación de la otra femenina. Para concluir, demuestra el abismo entre la locura del tiempo de Cervantes y la locura de ahora.
Cervantes, Miguel de. Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de La Mancha. Madrid: Cátedra Letras Hispánicas. 33 ed. 2016.