La locura de Don Quijote y su utilización estructural

El tema de la locura en las dos partes de Don Quijote de la Mancha funda mucha escolaridad sobre la obra canónica. Por una parte, Michael Bérubé, un teórico de los estudios de las incapacidades, investiga la representación de la locura y su influencia en el discurso de la metaficción en el texto. Por otra parte, una dicotomía entre la locura y la cordura en episodios de crítica social en la obra aparece en los estudios cervantinos. Además, Cayce Woods interpreta el dolor corporal que experiencia Don Quijote durante sus aventuras como una funcción de su corduración. Por eso, las observaciones de los estudios de las incapacidades y de los estudios cervantinos pueden sintetizarse de modo que el aspecto metanarrativo de la novela depende de la crítica social fundida en el uso de la locura en el texto.

            Para empezar, la crítica social en Don Quijote de la Mancha utiliza la locura como indicación del carnaval de Bajtín en la sociedad. En tanto como un resumen del fenómeno, Soler mantiene que “el tema de la locura en la literatura ha repetido en numerosas ocasiones y casi toda la crítica coincide en las mismas ideas: se perfila como una forma enmascarada de denuncia y de deseo de cambio en las relaciones humanas…Y además, en aquel mometo, la locura es el único medio que el autor tiene para comunicar sus mensajes sociales” (Soler 310). En pocas palabras, la novela presenta una representación del mundo y de las personas que lo poblan, pero el uso parodical de esas construcciones las rechazan afin de render válida a una mejor imaginación social, como conceptualizada por Sartre en El ser y la nada.[1] Esta imaginación social, mientras que no aboga un mejor tratamiento de ellos asignados como “locos,” critica al sistema sociopolitical, particularmente en el caso de los nobles.

            Para investigar la crítica de la nobleza española de este tiempo, se necesita un detalle histórico contemporáneo con Cervantes. En pocas palabras, había un duque de Lerma que tenía relación fuerte con el rey Felipe III. Por eso, el duque de Lerma ejercició mucho poder y acumuló una fortuna en forma de “honores y prebendas” (Soler 310). Por consiguiente, la nobleza cortesa venía de significar los que tienen todo quince años después de que España fue bancorrota por la tercera vez en cincuenta años (Willis). Es creíble decir que Cervantes fue influenciado de este perjuicio contra la nobleza al escribir la novela.

            Desde el principio, en el prólogo de la primera parte, Cervantes constata que la novela es “una invectiva contra los libros de caballerías” (I.101). A pesar de la falacía intencional que advierte contra este modo de asignar un propósito en la literatura, con el juego de las estructuras narrativas, la inclusión en el prólogo de este propósito puede ser no solamente información paratexta sino también un juego en sí. Además, a lo largo de la novela la locura de Don Quijote y el mal tratamiento de un hombre supuestamente loco por los otros, más poderosos nobles demuestran el malo comportamiento de la nobleza del tiempo. Es decir que la crítica social de la novela, estructurada por las representaciones de la locura y las relaciones a ella de los otros personajes, rechaza la idea de la nobleza como una jerarquía ideológica que mantiene el estado.

            Como ejemplo de la crítica por la locura, durante la primera salida de Don Quijote se encuentra con unas mozas que Don Quijote piensa ser damas y una venta su castillo (I.II.122-4). Por un lado, estas mozas no pueden ni siquiera entender lo que Don Quijote dice, y eso demuestra la desconexión entre la nobleza y la mejor parte de la nobleza. Por otro lado, se puede ver esta confusión como un salto de la imaginación que confunde la realidad con la fantasía. Si la crítica social fuera un propósito de la novela, este salto de la imaginación debe ser informado por la expectación de la nobleza como Don Quijote la significa. Hasta este punto, Don Quijote es la única representación de la baja nobleza, y por eso, esta escena imaginativa revela las expectaciones de la nobleza, cuando sale de sus propias casas, que todo el mundo tiene un castillo y título noble. 

            Además, como ejemplo de la crítica por el aprovecho de la locura, los duques en la segunda parte engañan a Don Quijote y Sancho Panza con unas fantasías que resuelven las tensiones que crecen durante la trama. Por un lado, Sancho mentira al decir que Dulcinea es encantada, y los duques se aprovechan de esta mentira e impresa el valor de no mentir, de rodear Clavileño por el infierno (II.XLI.373). Por otro lado, Sancho sueña gobernar su propia ínsula, y de eso también los duques se aprovechan, en nombrándolo el gobernador de Barataria, pues toturándolo por un doctor que no le permite ni de comer ni de dormir y por el “ataque” durante la noche, en que su reinado se termina (II.XLV-LIII.407-486). En razón de esas acciones, los duques terminan con una mala asociación, y la asociación puede ser designada a los nobles en general como una invectiva contra la perpetuación de la caballería, casi sinónimo con la locura en este texto, por el aprovecho de él (II.LIII.479-486). Como así, la locura se emplea para criticar la sociedad española del siglo XVII.

            Pues, Michael Bérubé en su texto The Secret Life of Stories explica la relación entre la locura y el aspecto metanarrativo de la novela. Bérubé analiza de una manera poco usual en los estudios de las incapacidades en asignando la incapacidad de Don Quijote como una “lack of a metarepresentational capacity” (Bérubé 143-4). Sin embargo, esta reclamación toca en todas las partes del leer sin dormir ni comer que supuestamente causa la locura de Don Quijote porque confunde los eventos ficticios de sus libros con los de su vida también ficticia sino menos ficticia en el discurso de la novela (I.I.116).

            Por eso, Bérubé toma su identificación de la patología del personaje y elabora que la incapacidad “warps the text, turning it back on itself in a dizzying series of metafictional reflections on the nature of fiction and the nature of reflection” (144). Para empezar, hay que demostrar el juego en sí con la narración para entender la yuxtaposición entre la locura y la metaficción. Como ejemplo, la introducción de Cide Hamete Benengeli en tanto como el segundo narrador árabe confunde la idea de la realidad ficticia en sí porque añade un nivel de abstracción entre el lector y los eventos del texto. Antes de que Benengeli se introduzca, hay solamente el narrador de tercera persona. Además, el detalle de un narrador árabe produce una desconfianza entre el texto y el narrador, a causa del perjuicio contra los musulmanes en esta época, que establece una brecha más amplia entre el lector y un entendimiento claro de los eventos. En conclusión, la locura de Don Quijote a veces amplia este juego porque juega con la relación entre el lector y el texto.

            Como así funciona la locura en relación con la metanarrativa. En la segunda parte de la novela, Don Quijote viaja a Zaragoza, pero oye dicho de la segunda parte apócrifa de Avellaneda y se conduce a Barcelona porque “tal era el deseo que tenía de sacar mentiroso aquel nuevo historiador que tanto decían que le vituperaba” (II.LX.536).  Don Quijote, con su incapacidad de separar la ficción de su realidad, escucha el cuento apócrifo y sabe que no le pasan esos eventos a él al punto que quiere enfrentarse de Avellaneda. A este punto, la integridad narrativa se desaparece porque Don Quijote percepciona de interactuar con un narrador verdadero sino ficcionalizado para que exista en el mundo de Don Quijote. Además, la verdad narrativa pasa por el cuento apócrifo, la rechaza de Don Quijote y sus acciones consiguientes para rectificar esta verdad En pocas palabras, los niveles convencionales del texto se crucen como esboza Bérubé la locura de Don Quijote. La trama de la novela refleja a la locura que contiene.

            Para profundizar este análisis, esta elaboración del estructuralismo de la locura en la novela al texto introduce bien las ideas de Carlos Rojas Osario sobre la estructura de la locura en Don Quijote de la Mancha. Rojas Osario establece la semejanza general entre la literatura y la locura como maneras de abstractar el lenguaje por el criticismo de la presencia, o la idea que la palabra escrita tiene más presencia que la palabra dicha (Rojas Osario 13). Como ejemplo, Rojas Osario establece la influencia de la lectura de Don Quijote: “[las] novelas de caballería constituyeron para [Don Quijote] la prescripción del juego incesante de sus aventuras” (9). Las historias leídas inspiran a Don Quijote de proseguir una vida como caballero andante y al repetir que la locura de Don Quijote consiste en que “no hay ruptura entre el signo y la realidad, porque la realidad misma es un signo, un libro abierto” (9). Por un lado, eso quiere decir que los molinos de viento del capítulo ocho de la primera parte se convierten en los gigantes, porque la realidad es un signo para interpretar (I.VIII.166-175). Por otra parte, se presta a la noción del narrador que emplea un traductor para entender la historia de Cide Hamete Benengeli; entre los dos narradores metaficticios existe una brecha de interpretación y entre ellos y los eventos de Don Quijote existe una otra que complica el entendimiento del origen de la información (I.IX.180). 

            Como así, la novela parece estructuralmente a la locura de Don Quijote y, por el último ejemplo, informa inversamente sobre una otra consideración no tampoco cubierta: la confusión de la corduración de Don Quijote durante la novela entera. Su manera de entender sus alrededores cambia a través del texto, y por eso se duda sus testimonios sobre su propia historia como él lo testiga. Como ejemplo, sus protestaciones cuando doña Rodríguez lo visita en la noche en la segunda parte para mantener su castidad (II.XLVIII.430-439). Este capítulo demuestra la desconfianza con el testimonio de Don Quijote porque al principio de la escena, él piensa que la dueña es una fantasma. Por eso, los signos en el texto que recibe el lector se mezclan para confundir los significados como la castidad de Don Quijote y la presencia de o una fantasma o doña Rodríguez. En razón del uso de la locura en este texto, Cervantes suspende cualquiera noción convencional de la realidad y la fantasía que el lector pudiera construir al leer.

            Para continuar y juntar las afirmaciones ya establecidas, es necesario de introducir la afirmación de Cayce Woods, que presta atención al dolor físico que sustiene Don Quijote en sus aventuras. Woods subraya la relación entre el cuerpo y el espíritu como una de causalidad: “[el] cuerpo doliente de don Quijote surge como respuesta a las fantasías del hidalgo” (Woods). Es decir que la locura precede al dolor físico en los episodios, como un caído después de una carga a unos molinos de viento (I.VIII.166-175). Una vez la relación establecida, Woods lo aplica al fin de la segunda parte también, con la corduración de Don Quijote y su muerte eventual. Por un lado, Woods mantiene que la locura crítica la nobleza porque la “identidad caballeresca” completa la parodia que hace Cervantes de los libros de caballerías y termina la vida del ingenioso hidalgo de la Mancha” (Woods). Por otro lado, Woods indica que “precisamente en este estado de enfermedad mortal cuándo [sic] la realidad por fin vence a la locura de don Quijote,” cual sugiere que la locura, a causa de su relación con el dolor físico, resulte en la muerte del caballero andante (Woods). Sin embargo, no pone esta causalidad entre la locura y su muerte a su conclusión eventual que esta muerte tiene efecto en la representación de la nobleza y la estructura de la metaficción.

            Para empezar, la enfermedad que supera a Don Quijote y le envia a la muerte es la “melancolía que le causaba el verse vencido” (II.LXXIV.642). La melancolía es una enfermedad antigua asociada con las emociones a diferencia de la locura que es asociado con la razón del individuo. Entonces, el dolor emocional de haber perdido a Sansón Carrasco influe más a Don Quijote que el dolor físico y psicológico precedente al punto que la identidad de Don Quijote, como el cura dice, “[verdaderamente] se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno” (II.LXXIV.644). En esta cita, está claro que Don Quijote no se convierte en Alonso Quijano, sino que Don Quijote como manifestación de la locura se muere. Por eso, la identidad de la locura se separa del ser humano por la melancolía y no queda parte del ser humano. Además, la perdición del “don” en el nombre del personaje asocia a la locura con la nobleza, cual sugiere que la clase social como el estatús noble no solamente pueda, sino también deba cambiar, porque probar y diminuir a la locura de Don Quijote fueron dos motivaciones de los personajes más proximos en el fin, cual implica la perdición del estatus noble. En conclusión, la locura combina con la nobleza en desapareciendo, y en la cordura de Alonso Quijano el Bueno hace un comentario final sobre la segunda parte apócrifa que referencia a las críticas metanarrativas de la obra. 

            Por consiguiente, el testamento de Alonso Quijano el Bueno tiene una finalidad autorativa que emplea a la crítica metanarrativa. Alonso Quiano el Bueno termina su testamento suplicando:

que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pernsarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe; porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos (II.LXXIV.647).

Esta crítica del texto de Avellaneda como falso valoriza la novela como verdadera en sus últimas páginas. Para profundizar este análisis, la ubicación de la última suplicación de su testamento y en las últimas páginas de la novela se aprovecha del fin de la novela afin de denunciar conclusivamente la historia de Avellaneda. Por un lado, la cordura de Don Quijote fortalece las críticas literarias de Avellaneda porque a diferencia del efecto de Cide Hamete Benengeli en la fieltad de la narración, la conversión de Don Quijote en Alonso Quijano el Bueno implica que el lector pueda confiar en lo que dice como verdadero en el mundo de la novela. 

            Por otro lado, la escena del testamento prepara al lector una conclusión de Cide Hamete Benengeli al haber escrito la obra. “Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio” (II.LXXIV.648-50). Después de esta cita, el lector no tiene razón de confiar en Benengeli, porque hay más palabras en la novela que Benengeli no escribe supuestamente. Entonces, el fin de la novela revela Cide Hamete Benengeli como un personaje-narrador, pero esta crea confusión metanarrativa sobre el origen de mucho del texto. Para demostrar el problema metanarrativa de este fin a la novela, es importante de proveer dos formulaciones de la parte del texto que Benengeli no escribe ciertamente. Por una parte, la primera posibilidad tiene Cervantes como autor, porque entre el prólogo de la primera parte y el fin de la segunda parte, “Vale” aparece en los dos textos y no se introducía tampoco Benengeli en el Prólogo de la primera parte (I.101; II.LXXIV.650). Por otra parte, la segunda posibilidad tiene Benengeli como autor y él continua a escribir en contradicción con lo que él escribe en el texto. No está claro la verdad, pero no importa mucho porque la idea más importante es que esta inseguridad narrativa viene después de la crítica de Avellaneda. Es decir que la desconfianza del narrador subraya la confianza en Alonso Quijano el Bueno sin la locura que le hace convertir en Don Quijote. 

            Entonces, la ausencia de la locura crece la confianza lectoral en el personaje central de Don Quijote de la Mancha. La incapacidad de Don Quijote según Bérubé merece poca confianza a differencia de la confianza en la cordura de Alonso Quijano el Bueno. Pues, el linaje entre la confianza en Alonso Quijano y la desconfianza debida a la metaficción de la novela implica que la desconfianza funda su presencia en la novela gracias a la estructura de la locura. Por añadidura, la crítica social estructura la locura afin de hacer sus comentarios y por extensión crear la estructura para la metaficción en la novela.

            Para concluir, esta institucionalización estructural creado debida a una representación de la incapacidad, aquí la locura, tiene nombre en los estudios de incapacidades literarios de “la prótesis narrativa,” teorizada por Mitchell y Snyder.[2] La locura en Don Quijote de la Mancha saca unas estructuras y concepciones de la anchura de metáforas de la locura como incapacidad para tanto criticar la sociedad en formas que no se trata de la posicionalidad de las personas incapacitadas como jugar con la estructura de la literatura. Por eso, Este ejemplo de la prótesis narrativa en Don Quijote de la Mancha logra criticar la nobleza y jugar con la estructura de la literatura sin responder a los problemas de las personas incapacitadas en la sociedad contemporánea con Cervantes. Aunque los estudios de las incapacidades empezaron en los años sesenta, es importante reclamar los textos del siglo XVII en esta capacidad para arraigar la conversación más anteriormente en la tradición literaria.

Referencias

de Cervantes Saavedra, Miguel. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Cátedra: Letras Hispánicas, 37a ed., 2017.

de Cervantes Saavedra, Miguel. Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, Cátedra: Letras Hispánicas, 33a ed., 2016.

Mitchell, David T. y Sharon L. Snyder. Narrative Prosthesis: Disability and the Dependencies of Discourse, University of Michigan Press, p. 9, 2000.

Rojas Osario, Carlos. “Foucault y la locura de Don Quijote,” Cuaderno internacional de estudios humanísticos y literatura, vol. 9, pp. 9-15, 2008.

Sartre, Jean-Paul y Hazel Barnes, trad. Being and Nothingness. Washington Square Press, pp. 562-63, 1956.

Soler, Miguel. “La lúcida locura de Don Quijote: una máscara para la crítica social,” Lemir, vol. 12, pp. 309-324, 2008.

Willis, Angela. “Capítulos I-VI y la época de Cervantes,” Don Quijote de la Mancha, el 30 de agosto 2018, Davidson College, Davidson, NC. Lección de clase.

Woods, Cayce. “El cuerpo doliente de don Quijote de la Mancha y la lucha contra la locura,”Gaceta hispánica de Madrid, 9a ed., pp. 15-26.


[1] Jean-Paul Sartre pone que la imaginación social manifiesta “on the day that we can conceive of a different state of affairs that a new light falls on our troubles and our suffering and that we decide that these are unbearable” (Sartre 562-3). Implica que la literatura ofrece al lector la posibilidad de imaginar un futuro cambiado de una manera u otra para mejorar la sociedad.

[2] Mitchell y Snyder explica tres manifestaciones centrales de la prótesis narrativa, cuya “[third], it refers to the problematic nature of the literary’s transgressive ideal in relation to social violence that often issues from the repetition of a representational formula (or antiformula). This third approach draws out the often discomforting ‘fit’ between literary disability and the ‘real’ of disabled peoples’ historical experiences. Finally, it acknowledges that literary representation bears on the production and realization of disabled subjectivities” (Mitchell y Snyder 9). Las preguntas de metaficción y de la crítica social en el estudio de Don Quijote de la Mancha coinciden con esta manifestación de la prótesis narrativa porque interroga la formula representacional y constructiva de la generalización de Don Quijote como un personaje loco hasta los perjuicios contra personas incapacitadas verdaderamente.

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