Hasta la primera vez que se menciona Sancho Panza en Don Quijote de la Mancha, se refiere a lo que gana el escudero de Don Quijote. Como ejemplo, Don Quijote en su fantasía le promete a Sancho islas para gobernar y otras bienes materialistas desde su primera apariencia en el cuento, que le fascinan a él pragmáticamente (Cervantes 163). Por eso, la relación entre los valores de la caballería, la razón por la cual son inspiradas por la religión, y los valores prácticos y rapacios de Sancho, que en el cuento aluden al imperialismo creciente en la época, demuestran concepciones disparates de la sociedad española.
Para empezar, la escena particular en que la concepción de Sancho revela un malo comportamiento de la sociedad europea se trata del reino imaginado de Micomiconía de Etiopía. Después de que los personajes secundarios le persuaden a Don Quijote del menester de la princesa Micomicona, que en realidad es Dorotea, Sancho Panza piensa en como aprovecharse de un reino africano, y su conclusión sobre el beneficio del reino Micomicona es no solamente de vender los negros en el reino y ganar mucho dinero de la venta sino también de “comprar algún título o algún oficio con que vivir descansado todos los días de [su] vida” (411). En pocas palabras, con un reino africano Sancho ganaría dinero para comprar otras bienes materialistas que le contentaría a él. Aunque la idea sola parezca más problemático en su concepción de la relación entre los españoles y “el otro” en hoy día, el hecho de que Sancho Panza sabe que el reino es imaginado afin de decepcionar a Don Quijote aumenta su rapacidad porque esta lógica demuestra que Sancho quiere exploitar una región que él ha creado para ganas que no existen. Si bien durante la narrativa la salud mental de Sancho se asemeja gradualmente a ella de Don Quijote, para que los valores de todos los dos se parezcan en el fin del cuento, una hesitación a perdonar la validez de los hechos imperialistas del tiempo por la salud mental no es aceptable. A causa de la reticencia de condenar Sancho como un figura colonial del tiempo de Don Quijote, el personaje práctico y contemporáneo de Sancho funciona como un espejo de la gente Española por su normalización de la exploitación imperialista.
Por un lado, el linaje entre el imperialismo español y el pragmatismo de Sancho permite a Cervantes de implicar que la estrategía de Sancho en lo que se refiere al imperialismo se parece evidente y casi normalizada en España. Ciertamente, la época del imperialismo ha influido el pensamiento español contemporáneo con Cervantes, y por eso Cervantes demuestra implícitamente esta influencia en su cuento. Por otro lado, el pensamiento de Don Quijote con la necesidad de la caballería de ayudar a los menesterosos para reconquistar en el nombre del rey católico. Para pensar de otro modo, la caballería se funde en la historia de las Cruzadas y la Reconquista española y la superioridad impuesta por la Reconquista de las identidades cristianas y españolas sobre las de los moros y los judíos. En esta manera, la caballería hace parte de la ansiedad con la pureza de sangre y la revalorización de la identidad española que se convertió en el racismo tácito del imperialismo que representa Sancho Panza.
Para profundizar esta comparación de la caballería y el imperialismo, la ayuda a los menesterosos de Don Quijote crítique la percepción que alguien, las mujeres en particular, necesita ayuda. Como ejemplo, la interacción con Marcela demuestra la incapacidad de Don Quijote de ayudar de manera verdadera a una situación, sino empeorarla. Hay una contradicción sobre Marcela; ella quiere quedarse sola, pero Don Quijote quiere parecer más como un caballero en siguiéndola (226). En pocas palabras, Don Quijote no respeta a la voluntad de Marcela por su orgullo, y es similar a la exploitación de Micomiconía como que Sancho Panza imagina actuarla porque los dos peinsan en aprovecharse de lo que es acesible a ellos, en las mujeres menesterosas o en los negros de un reino africano, aunque no sean acciones apropriadas.
En conclusión, la grán parodia de Cervantes representa dos comportamientos españoles emplementados afin de mejorar la vida personal o de otras personas. El cuento construye los dos personajes con una falta de consideración para “el otro” que se resuelve en la devalorización de la caballería idealística y el imperialismo pragmático. Si bien esta interpretación no es necesariamente como Cervantes envisiona el entendimiento de su parodia, la interpretación echa a la luz el contexto cultural que influe su obra y la caracterización de sus personajes como señales de la época.